Hoy en día, la discusión sobre quién debe hacer clases en establecimientos educacionales aparece como un tema frecuente, más aún considerando los resultados de las evaluaciones SIMCE e Inicia aplicadas durante el recién pasado 2009. Con respecto a esto, cabe preguntarnos: ¿quién es el educador idóneo?, ¿qué personas están facultadas para desempeñarse como docentes? y ¿es la pedagogía una carrera de vocación? Según mi punto de vista, los profesores debemos ser más profesionales y los profesionales más profesores, ya que enseñar exige tanto una formación pedagógica, como una formación disciplinar.
Enseñar a alumnos de educación básica o guiarlos en el proceso de la construcción de su propio aprendizaje es una labor que requiere más conocimientos que el simple dominio de una disciplina a cabalidad. La enseñanza implica conocer las etapas físicas, sociales y psicológicas por las que se desarrolla y progresa cada individuo y, acorde a ellas, propiciar la instrucción. De acuerdo a esto, no basta con entregar contenidos para que los alumnos los reproduzcan memorísticamente, por el contrario, los contenidos deben pasar por un proceso de transposición didáctica, desde un saber sabio a un saber enseñable, considerado también gustos, intereses y contexto de quienes construyen conocimientos. De esta manera, no por ser biólogo, por ejemplo, se está capacitado para enseñar Ciencias Naturales ya que la educación exige poseer estudios pedagógicos.
Existen quienes no ingresan a estudiar Pedagogía Básica ya que la profesión recibe sueldos insignificantes y, por lo mismo, estudian carreras retribuidas con una remuneración más generosa. Esta es la cruda realidad de la educación chilena, sin embargo, quienes queremos ser maestros estamos conscientes de esto con la esperanza de un vuelco. Pero un trabajo es más que un sueldo, y si no se desea tener un título de licenciado en Pedagogía Básica es posible estudiar una carrera alternativa y luego obtener la pedagogía en uno o dos años, ya que, vuelvo a insistir, es necesario dominar teorías psicopedagógicas y didácticas para hacer clases.
Por otro lado, bajo una perspectiva diferente, se alza la oposición a que sólo ejerzan como docentes quienes poseen el título ya que, de todas maneras, los resultados en las evaluaciones nacionales anteriormente señaladas son miserables y humillantes. Considerando que hoy sí hay profesionales inmersos como educadores en las salas de clases ¿ha cambiado la educación? o ¿se observan, acaso, drásticos progresos y evoluciones? La respuesta es negativa: seguimos con resultados despreciables en lo que a educación se refiere. La solución no es que expertos en disciplinas invadan las aulas, sino que los profesores sean más profesionales y competentes en el dominio de los contenidos y sepan cómo enseñar.
Frente a lo recientemente expuesto, se puede constatar que los educadores debemos ser más profesionales y estos últimos deben preocuparse de ser más profesores, ya que enseñar exige tanto una formación pedagógica, como una formación disciplinar. Es, por tanto, un desafío la capacitación y actualización constante de todo aquel que guíe el proceso de enseñanza- aprendizaje de alumnos, especialmente si pertenecen al nivel de enseñanza básica. De acuerdo a esto, la única manera de poder revertir esta fatal situación es ser conscientes de la realidad de la educación chilena y, como participantes de la misma, hacer todo lo posible- ojalá también lo imposible- por transformarla.
Enseñar a alumnos de educación básica o guiarlos en el proceso de la construcción de su propio aprendizaje es una labor que requiere más conocimientos que el simple dominio de una disciplina a cabalidad. La enseñanza implica conocer las etapas físicas, sociales y psicológicas por las que se desarrolla y progresa cada individuo y, acorde a ellas, propiciar la instrucción. De acuerdo a esto, no basta con entregar contenidos para que los alumnos los reproduzcan memorísticamente, por el contrario, los contenidos deben pasar por un proceso de transposición didáctica, desde un saber sabio a un saber enseñable, considerado también gustos, intereses y contexto de quienes construyen conocimientos. De esta manera, no por ser biólogo, por ejemplo, se está capacitado para enseñar Ciencias Naturales ya que la educación exige poseer estudios pedagógicos.
Existen quienes no ingresan a estudiar Pedagogía Básica ya que la profesión recibe sueldos insignificantes y, por lo mismo, estudian carreras retribuidas con una remuneración más generosa. Esta es la cruda realidad de la educación chilena, sin embargo, quienes queremos ser maestros estamos conscientes de esto con la esperanza de un vuelco. Pero un trabajo es más que un sueldo, y si no se desea tener un título de licenciado en Pedagogía Básica es posible estudiar una carrera alternativa y luego obtener la pedagogía en uno o dos años, ya que, vuelvo a insistir, es necesario dominar teorías psicopedagógicas y didácticas para hacer clases.
Por otro lado, bajo una perspectiva diferente, se alza la oposición a que sólo ejerzan como docentes quienes poseen el título ya que, de todas maneras, los resultados en las evaluaciones nacionales anteriormente señaladas son miserables y humillantes. Considerando que hoy sí hay profesionales inmersos como educadores en las salas de clases ¿ha cambiado la educación? o ¿se observan, acaso, drásticos progresos y evoluciones? La respuesta es negativa: seguimos con resultados despreciables en lo que a educación se refiere. La solución no es que expertos en disciplinas invadan las aulas, sino que los profesores sean más profesionales y competentes en el dominio de los contenidos y sepan cómo enseñar.
Frente a lo recientemente expuesto, se puede constatar que los educadores debemos ser más profesionales y estos últimos deben preocuparse de ser más profesores, ya que enseñar exige tanto una formación pedagógica, como una formación disciplinar. Es, por tanto, un desafío la capacitación y actualización constante de todo aquel que guíe el proceso de enseñanza- aprendizaje de alumnos, especialmente si pertenecen al nivel de enseñanza básica. De acuerdo a esto, la única manera de poder revertir esta fatal situación es ser conscientes de la realidad de la educación chilena y, como participantes de la misma, hacer todo lo posible- ojalá también lo imposible- por transformarla.