martes, 15 de junio de 2010

REESCRITURA "En el aula: ¿licenciados en Pedagogía Básica o profesionales expertos en disciplinas? "

Hoy en día, la discusión sobre quién debe hacer clases en establecimientos educacionales aparece como un tema frecuente, más aún considerando los resultados de las evaluaciones SIMCE e Inicia aplicadas durante el recién pasado 2009. Con respecto a esto, cabe preguntarnos: ¿quién es el educador idóneo?, ¿qué personas están facultadas para desempeñarse como docentes? y ¿es la pedagogía una carrera de vocación? Según mi punto de vista, los profesores debemos ser más profesionales y los profesionales más profesores, ya que enseñar exige tanto una formación pedagógica, como una formación disciplinar.

Enseñar a alumnos de educación básica o guiarlos en el proceso de la construcción de su propio aprendizaje es una labor que requiere más conocimientos que el simple dominio de una disciplina a cabalidad. La enseñanza implica conocer las etapas físicas, sociales y psicológicas por las que se desarrolla y progresa cada individuo y, acorde a ellas, propiciar la instrucción. De acuerdo a esto, no basta con entregar contenidos para que los alumnos los reproduzcan memorísticamente, por el contrario, los contenidos deben pasar por un proceso de transposición didáctica, desde un saber sabio a un saber enseñable, considerado también gustos, intereses y contexto de quienes construyen conocimientos. De esta manera, no por ser biólogo, por ejemplo, se está capacitado para enseñar Ciencias Naturales ya que la educación exige poseer estudios pedagógicos.

Existen quienes no ingresan a estudiar Pedagogía Básica ya que la profesión recibe sueldos insignificantes y, por lo mismo, estudian carreras retribuidas con una remuneración más generosa. Esta es la cruda realidad de la educación chilena, sin embargo, quienes queremos ser maestros estamos conscientes de esto con la esperanza de un vuelco. Pero un trabajo es más que un sueldo, y si no se desea tener un título de licenciado en Pedagogía Básica es posible estudiar una carrera alternativa y luego obtener la pedagogía en uno o dos años, ya que, vuelvo a insistir, es necesario dominar teorías psicopedagógicas y didácticas para hacer clases.

Por otro lado, bajo una perspectiva diferente, se alza la oposición a que sólo ejerzan como docentes quienes poseen el título ya que, de todas maneras, los resultados en las evaluaciones nacionales anteriormente señaladas son miserables y humillantes. Considerando que hoy sí hay profesionales inmersos como educadores en las salas de clases ¿ha cambiado la educación? o ¿se observan, acaso, drásticos progresos y evoluciones? La respuesta es negativa: seguimos con resultados despreciables en lo que a educación se refiere. La solución no es que expertos en disciplinas invadan las aulas, sino que los profesores sean más profesionales y competentes en el dominio de los contenidos y sepan cómo enseñar.

Frente a lo recientemente expuesto, se puede constatar que los educadores debemos ser más profesionales y estos últimos deben preocuparse de ser más profesores, ya que enseñar exige tanto una formación pedagógica, como una formación disciplinar. Es, por tanto, un desafío la capacitación y actualización constante de todo aquel que guíe el proceso de enseñanza- aprendizaje de alumnos, especialmente si pertenecen al nivel de enseñanza básica. De acuerdo a esto, la única manera de poder revertir esta fatal situación es ser conscientes de la realidad de la educación chilena y, como participantes de la misma, hacer todo lo posible- ojalá también lo imposible- por transformarla.

jueves, 10 de junio de 2010

En el aula: ¿licenciados en Pedagogía Básica o profesionales expertos en disciplinas?

Hoy en día, la discusión sobre quién debe hacer clases en establecimientos educacionales aparece como un tema frecuente, más aún considerando los resultados de las evaluaciones SIMCE e Inicia aplicadas durante el recién pasado 2009. Sin embargo cabe preguntarnos: ¿quién es el profesor idóneo?, ¿qué personas están facultadas para desempeñarse como profesores? y ¿es la pedagogía una carrera de vocación? Según mi punto de vista, los profesores debemos ser más profesionales y los profesionales más profesores, ya que enseñar exige tanto una formación pedagógica, como una formación disciplinar.

Enseñar a alumnos de básica o guiarlos en el proceso de la construcción de su propio aprendizaje es una labor que requiere más conocimientos que el simple dominio de una disciplina a cabalidad. La enseñanza implica conocer las etapas físicas, sociales y psicológicas por las que se desarrolla y progresa cada individuo y, acorde a ellas, propiciar la instrucción. De acuerdo a esto, no basta con entregar contenidos para que los alumnos los reproduzcan memorísticamente, por el contrario, los contenidos deben pasar por un proceso de transposición didáctica, desde un saber sabio a un saber enseñable, considerado también gustos, intereses y contexto de quienes construyen conocimientos. De esta manera, no por ser biólogo se está capacitado para enseñar Ciencias Naturales, por ejemplo, la educación exige poseer estudios pedagógicos.

Existen quienes no ingresan a estudiar Pedagogía Básica ya que la profesión recibe sueldos insignificantes y, por lo mismo, estudian carreras retribuidas con una remuneración más generosa. Esta la cruda realidad de la educación chilena, sin embargo, quienes queremos ser profesores estamos conscientes de esto con la esperanza de un vuelco. Pero una profesión es más que un sueldo, y si no se desea tener un título de licenciado en Pedagogía Básica es posible estudiar una carrera alternativa y luego obtener la pedagogía en dos o un año, ya que, vuelvo a insistir, es necesario dominar teorías psicopedagógicas y didácticas para hacer clases.

Por otro lado, bajo una perspectiva diferente, se alza la oposición a que sólo ejerzan como profesores quienes poseen el título ya que, de todas maneras, los resultados en las evaluaciones nacionales anteriormente señaladas son miserables y humillantes. Considerando que hoy sí hay profesionales inmersos como educadores en las salas de clases ¿ha cambiado la educación? o ¿se observan, acaso, drásticos progresos y evoluciones? La respuesta es negativa: seguimos con resultados despreciables en lo que a educación se refiere. La solución no es que profesionales invadan las aulas, sino que los profesores sean más profesionales y competentes en el dominio de los contenidos y sepan cómo enseñar.

Frente a lo recientemente expuesto, se puede constatar que los profesores debemos ser más profesionales y los profesionales deben preocuparse de ser más profesores, ya que enseñar exige tanto una formación pedagógica, como una formación disciplinar. Es, por tanto, un desafío la capacitación y actualización constante de todo aquel que guíe el proceso de enseñanza- aprendizaje de alumnos, especialmente si pertenecen al nivel de enseñanza básica. De acuerdo a esto, la única manera de poder revertir esta fatal situación es ser conscientes de la realidad de la educación chilena y, como participantes de la misma, hacer todo lo posible- ojalá también lo imposible- por transformarla.

lunes, 24 de mayo de 2010

REESCRITURA ¿Es que acaso un dentista podría hacer los planos de un edificio o un profesor hacer cirugías?

La ley actual de educación en Chile, Ley General de Educación, permite que profesionales no educadores dicten clases durante cinco años en establecimientos educativos sin poseer estudios pedagógicos. ¿Podría un dentista hacer los planos de un edificio o un profesor hacer cirugías? La respuesta es negativa ¿Debería, entonces, hacer clases un profesional sin estudios pedagógicos? Según mi punto de vista, la respuesta debería ser no ya que los profesores estudian alrededor de cuatro años una carrera pedagógica que integra saberes disciplinares de cada asignatura como también aspectos psicológicos de las personas para poder llevar a cabo el proceso de enseñanza-aprendizaje, y no así los profesionales.

Los profesores están capacitados para enseñar y no otros profesionales ya que estos últimos estudian saberes sobre el área que les concierne llegando a ser especialistas en su tema, pero, a diferencia de los profesores, no introducen los conocimientos en el proceso de la transposición didáctica transformándolos en saberes enseñables (concepto formulado por Chevallard). De esta forma, los docentes no exponen contenidos científicos que deben ser memorizados por los estudiantes, sino que, a modo de mediadores, guían a los alumnos en su aprendizaje para que, partiendo de sus conocimientos previos y su contexto, asimilen y acomoden los nuevos contenidos pedagógicos (postulados de Piaget).

Asimismo, los profesores estudian y aprenden los estadios de desarrollo social, cognitivo y psicológico por los que se desarrollan las personas, son ellos quienes conocen y entienden las etapas por las que transitan sus alumnos y, conforme a esto, saben cómo provocar conflictos cognitivos para que protagonicen e internalicen su aprendizaje. ¿Son conscientes todos los profesionales que en los primeros años de escolaridad los niños necesitan de material concreto para trabajar y poco a poco van abstrayéndose? ¿Saben la importancia de considerar los conocimientos previos y el contexto? ¿Realizan actividades grupales e individuales promoviendo la metacognición y retroalimentación? La instrucción de profesionales se aleja de los conocimientos teóricos educacionales enfatizando en la importancia de los contenidos conceptuales por sobre la mente y desarrollo de los individuos.

Hay quienes aseguran que los profesionales están capacitados para educar porque dominan los contenidos disciplinares y se aprovechan de los resultados de la prueba Inicia para sostener esto. Sin embargo ¿cambia la situación la inclusión de profesionales si ellos ya están inmersos en el aula y no han logrado avances? La solución no es que los profesionales enseñen, sino que los profesores aprendan, se actualicen y capaciten.

La realidad de la educación chilena es fatal y, constantemente, se corrobora, por ejemplo, por los resultados de las evaluaciones SIMCE e Inicia. Frente a esto, y como profesora en formación me incluyo, los profesores debemos ser autocríticos: somos los responsables de esta situación, realidad que no cambiará mientras no aprendamos los contenidos sabios y nos capacitemos en metodologías efectivas para enseñarlos conforme a la situación contextual del alumnado. Tenemos un gran desafío.

jueves, 13 de mayo de 2010

¿Es que acaso un dentista podría hacer los planos de un edificio o un profesor hacer cirugías?

La ley actual de educación en Chile, Ley General de Educación, permite que profesionales no educadores dicten clases durante cinco años en establecimientos educativos sin poseer estudios pedagógicos. ¿Podría un dentista hacer los planos de un edificio o un profesor hacer cirugías? La respuesta es negativa ¿Debería, entonces, hacer clases un profesional sin estudios pedagógicos? Según mi punto de vista, la respuesta debería ser no ya que los profesores estudian alrededor de cuatro años una carrera pedagógica que integra saberes disciplinares de cada asignatura como también aspectos psicológicos de las personas para poder llevar a cabo el proceso de enseñanza-aprendizaje, y no así los profesionales.

Los profesores están capacitados para enseñar y no otros profesionales ya que estos últimos estudian saberes sobre el área que les concierne llegando a ser especialistas en su tema, pero, a diferencia de los profesores, no introducen los conocimientos en el proceso de la transposición didáctica transformándolos en saberes enseñables (concepto formulado por Chevallard). De esta forma, los docentes no exponen contenidos científicos que deben ser memorizados por los estudiantes, sino que, a modo de mediadores, guían a los alumnos en su aprendizaje para que, partiendo de sus conocimientos previos y su contexto, asimilen y acomoden los nuevos contenidos pedagógicos (postulados de Piaget).

Asimismo, los profesores estudian y aprenden los estadios de desarrollo social, cognitivo y psicológico por los que se desarrollan las personas, son ellos quienes conocen y entienden las etapas por las que transitan sus alumnos y, conforme a esto, saben cómo provocar conflictos cognitivos para que protagonicen e internalicen su aprendizaje. ¿Son conscientes todos los profesionales que en los primeros años de escolaridad los niños necesitan de material concreto para trabajar y poco a poco van abstrayéndose? ¿Saben la importancia de considerar los conocimientos previos y el contexto? ¿Realizan actividades grupales e individuales promoviendo la metacognición y retroalimentación? La instrucción de profesionales se aleja de los conocimientos teóricos educacionales enfatizando en la importancia de los contenidos conceptuales por sobre la mente y desarrollo de los individuos.

Hay quienes aseguran que los profesionales están capacitados para educar porque dominan los contenidos disciplinares y se aprovechan de los resultados de la prueba Inicia para sostener esto. Sin embargo ¿cambia la situación la inclusión de profesionales si ellos ya están inmersos en el aula y no han logrado avances? La solución no es que los profesionales enseñen, sino que los profesores aprendan, se actualicen y capaciten.

La realidad de la educación chilena es fatal y, constantemente, se corrobora, por ejemplo, por los resultados de las evaluaciones SIMCE e Inicia. Frente a esto, y como profesora en formación me incluyo, los profesores debemos ser autocríticos: somos los responsables de esta situación, realidad que no cambiará mientras no aprendamos los contenidos sabios y nos capacitemos en metodologías efectivas para enseñarlos conforme a la situación contextual del alumnado. Tenemos un gran desafío.

viernes, 16 de abril de 2010

Chile hoy: ¿será positivo el desarrollo de la energía nuclear en nuestro país?

Debido a las necesidades y urgencias actuales - incorporación de TICs en la educación, búsqueda y obtención de variadas energías para el abastecimiento de los países debido a las fuentes agotables, uso de tarjetas de pago para el transporte público, nuevas formas de calefaccionar los hogares, posibles soluciones a la contaminación atmosférica, entre otros casos - la vertiginosa sociedad del siglo XXI desarrolla investigaciones multidisciplinares y potencia el uso de las nuevas tecnologías, con el fin de responder ante dichas exigencias. Con respecto a esto, el área científica de nuestro país, examina hoy la posibilidad de desarrollar energía nuclear con el fin de renovar la matriz energética. La pregunta es ¿será esto positivo para nuestro país considerando las consecuencias que pueda traer?
El desarrollo de la energía nuclear colaboraría con la progresiva transformación de Chile en un país desarrollado, ya que permite innovar y desarrollar otros rubros que, al día de hoy, se encuentran nula o escasamente explorados. La renovación de la matriz daría trabajo a quienes poseen las capacidades y conocimientos del tema, pero, que por años han tenido que emigrar a otros países donde sí se explota la energía nuclear.
Del mismo modo, el desarrollo de ésta traería beneficios para la gran mayoría de los chilenos ya que, al existir más variedad de tipos de energías, el valor (precio) de la energía eléctrica disminuiría. En relación a esto, debe considerarse la necesidad de ahorro que urge y compromete a los chilenos después de la catástrofe nacional vivida el 27 de febrero de este año dejando a muchos en bancarrota. Ya en muchos países se utiliza esta energía para reducir gastos, entre otros factores, y, la respuesta: ha sido todo un éxito.
Hay quienes argumentan que esto traería graves y dañinas consecuencias a la flora y fauna chilena y también problemas de radioactividad, sin embargo, olvidan los grandes avances que alcanzan la tecnología y estudios científicos actuales que son capaces de prever y proyectar las posibilidades de inconvenientes o desastres antes de poner en marcha dichos proyectos.
En conclusión, para renovar la matriz energética chilena, es conveniente y beneficioso el desarrollo de la energía nuclear en nuestro país, ya que esto traerá consecuencias positivas a los chilenos y a Chile como país en las áreas económicas y científicas, entre otras. Con respecto a todo lo anteriormente expuesto, planteo ¿no será, por lo tanto, conveniente explorar otras fuentes de energía para no agotar las ya utilizadas por el hombre?